Arte y estilo del 98. El impresionismo en Castilla, de Azorín

Cuando hemos estado estudiando el tema del 98 en el aula nos hemos referido a la temática esencial noventaiochista: el problema de España. Este tema se aborda desde tres enfoques: el paisaje, la historia (la intrahistoria unamuniana) y la literatura. Con respecto al primer enfoque, el paisaje, los escritores de fin de siglo centran su atención en Castilla, en la yerma meseta castellana, que se erige en símbolo de la decadencia de España. Por otra parte, también hemos hecho mención al estilo de estos escritores, que, como renovadores del panorama literario, se desligan de la generación realista anterior, aflorando ahora el subjetivismo, huyendo del prosaismo y al mismo tiempo del retoriscismo y utilizando un lenguaje sobrio, sencillo y directo.
En este sentido, volviendo de nuevo al tema del paisaje castellano, la realidad y la sensibilidad se unen para mostrar impresiones de lo descrito.
Y hablando de impresiones, el movimiento pictórico impresionista también se originó a partir del rechazo a lo clásico y a las fórmulas artísticas impuestas por la Academia Francesa de Bellas Artes. Los impresionistas (Degas, Monet, Renoir...) se caracterizan, grosso modo, por el intento de plasmar la impresión visual y el instante en que dicha luz se proyecta sobre los objetos, sin importarles las formas ni la identidad de los mismos, de tal manera que, si observamos un cuadro impresionista de cerca, nada más que veremos manchas de color y pinceladas diseminadas por el lienzo. Solo si nos vamos distanciando de él iremos descubriendo sus formas y desentrañaremos el motivo de la obra.
He seleccionado un fragmento de Castilla de Azorín porque es un texto modélico del estilo impresionista, reflejado en el uso de la frase corta y de una sintaxis extremadamente sencilla, aparte de una abundante adjetivación, a través de la cual se refleja el subjetivismo, la fusión de alma y paisaje, además de aportar la luz y una variada gama de colores y matices. Cual si fuera un cuadro, Azorín disemina pinceladas sueltas sin un orden preciso, de tal manera que solo cuando completamos la lectura del texto podemos apresar la totalidad de lo descrito.
En el documento he añadido obras pictóricas relacionadas con el Impresionismo con el fin de comparar la técnica pictórica con la de la escritura azoriniana. He seleccionado Impresión del sol naciente  (1872), de Monet, por ser el que da nombre al movimiento, y tres obras de Ignacio Zuloaga, coetáneo de los escritores noventaiochistas y partícipe de las mismas inquietudes, como son el amor por la meseta castellana y la crítica en su obra de la situación decadente española. Zuloaga no es estrictamente un pintor impresionista, aunque sí recibe influencias de la técnica cuando viaja a París y entabla amistad, entre otros, con Degas, Toulouse-Lautrec y Gauguin.
Al final del documento se propone una actividad sobre el uso de la adjetivación en el texto.

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